Terapia de grupo

Estrenamos el blog hablando sobre uno de nuestros servicios al que tenemos especial cariño: La terapia de grupo.

La terapia de grupo ofrece un espacio donde personas con diferentes inquietudes y problemas comparten sus dificultades con los otros miembros del grupo y el terapeuta. Los demás miembros escuchan e intentan comprender, preguntan y sugieren alternativas de cambio, ideas, soluciones…  esta diversidad de miradas ayuda a la persona a tener una visión más completa sobre su problema, las responsabilidad que tiene en él y las posibilidades de cambio que podría llevar a cabo.
Por otro lado, y quizás el más importante, al interactuar en el grupo personas con diferentes carácteres, edad, género, problemáticas, experiencias vividas, etc, el grupo poco a poco empieza a convertirse en una imagen isomórfica de la vida de cada miembro: empiezan a surgir dificultades dentro del propio grupo parecidas o equivalentes a las que los miembros presentan en su vida diaria, lo que nos permite poder trabajar con los problemas en el aquí y ahora, y darles solución en vivo y en la interacción con personas que no forman parte de nuestra vida, lo que nos permite arriesgar más y ser más flexibles en las soluciones intentadas, para posteriormente aplicar en nuestra vida diaria aquellas que hayamos experimentado como más eficaces.
Por ejemplo: Si alguien habla demasiado y siempre se impone a los demás ¿por qué nadie lo interrumpe? ¿Por qué nadie coge el testigo o intenta al menos hacer incisos sobre lo que la otra persona está diciendo? Si esta situación se da y se trabaja sobre ella, el miembro del grupo hablador puede tener la oportunidad de aprender a discriminar mejor las muestras de aburrimiento o enfado en los demás cuando acapara demasiado las conversaciones, y tenerlo en cuenta para su vida privada. Los miembros menos asertivos pueden desarrollar la habilidad de compartir más o asumir una mayor responsabilidad en las interacciones.

Otro ejemplo sería el caso contrario: Si alguien no habla nunca en las sesiones, aunque siente el deseo de hacerlo y en muchas ocasiones le gustaría participar ¿por qué no lo hace? ¿Es algo que le ocurre a menudo en su vida? Nunca expresa su opinión y se queda a menudo al margen, los demás no saben cómo complacerlo porque nunca saben lo que realmente quiere.
Ante circunstancias de este tipo en la terapia de grupo nos podemos detener y analizar lo ocurrido, ver los sentimientos de cada uno, las consecuencias, preguntarnos cuanto de habitual es que nos ocurra o con quién suele suceder. Pasar del contenido al proceso.

Por otro lado, la parte de ayudar a los demás miembros del grupo es terapéutica en sí misma: uno puede aprender de la experiencia ajena, de sus fallos y aciertos, a veces incluso con más facilidad que de la nuestra (vemos antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro), puede también relativizar sus dificultades al darse cuenta que son parte de la experiencia humana y que todos pasamos por momentos parecidos, reduciendo los sentimientos de angustia y aislamiento que a menudos nos acompañan en situaciones así. Además, en la terapia siempre se intenta hablar de uno mismo, de lo que siente o piensa, incluso cuando se realicen señalamientos a los demás se procura hablar desde el punto de vista subjetivo. Por ejemplo, ante dificultades con un miembro del grupo, la persona puede expresar «me cuesta trabajo hablar contigo porque siento que nunca tendrás en cuenta mi opinión, o pensarás que es una opinión errónea, siempre me cortarás o corregirás y por tanto llega un punto en el que no me apetece hacerlo» sin calificar o describir a la otra persona y sin pretender que se tiene una visión objetiva y categórica del otro. Así, aún cuando uno está hablando sobre el otro, está también hablando sobre sí mismo, lo que podría ayudar a entender a la persona que ha hecho el señalamiento por qué, por ejemplo, tiene dificultades para comunicarse con su pareja, con su jefe, su madre, etc.
Así, los participantes de la terapia de grupo tienen dos tareas principales que realizar en las sesiones: Por un lado,  compartir de forma honesta sus inseguridades y dificultades y permitir los señalamientos de los otros miembros del grupo y del terapeuta. Por otro, escuchar e intentar comprender a los otros miembros del grupo, así como compartir con ellos de una forma honesta las emociones y pensamientos que surgen cuando lo hacen.