Cómo afrontar la ansiedad: Ansiedad normal

cómo afrontar la ansiedad

Las fórmulas sobre cómo afrontar la ansiedad son de sobra conocidas. Habitualmente se trata de inducir al cuerpo a hacer precisamente lo contrario a lo que hace en estado de ansiedad: Respirar de forma lenta y profunda ante la hiperventilación, relajar los músculos ante la tensión muscular, despejar la mente ante la ansiedad idéica…

Sin embargo, a menudo estas técnicas tienen un resultado limitado. En este post quiero contar brevemente cuando son útiles estas estrategias  y cuando no funcionarían e incluso podrían ser contraproducentes.

¿Cuándo son útiles las técnicas de relajación?

Primero de todo, debemos entender y aceptar que la ansiedad es una respuesta normal y necesaria de las personas ante determinadas situaciones. Tener ansiedad no es algo patológico, sino una respuesta completamente natural. Lo que percibimos cuando sentimos ansiedad es nuestro cuerpo preparándose para una situación de incertidumbre y de posible peligro, en la que algo importante para nosotros está en juego. Es una preparación energética y de recursos. Y una vez evitado el peligro y estando ya seguros, volveríamos a la situación de calma y relajación.

1- Cuando la situación se alarga en el tiempo

Sin embargo, no todo lo podemos solucionar al momento con esa energía, a veces las situaciones de incertidumbre duran más tiempo, y ésta respuesta adaptativa puede volverse contraproducente. En estas situaciones es cuando debemos pensar en cómo afrontar la ansiedad. Realizar estrategias de relajación de forma rutinaria nos puede ayudar a tener un mayor dominio de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra conducta: Poder relajarnos al final del día, dejando de lado los problemas, es una habilidad fundamental, ya que nos permite descansar para el día siguiente. Aliviar los músculos en el fin de semana después de la carga tensional del resto de la semana, nos ayuda a recuperarnos y poder abordar la siguiente semana con las pilas cargadas.

 Una vez terminada la situación de incertidumbre o riesgo, o si ya no podemos hacer más en relación a ella, es cuando debemos buscar aquellas situaciones que induzcan un estado corporal de relajación: practicar meditación, hacer deporte, leer una novela sencilla, ver una película, dar un paseo, quedar con amigos…

2- Cuando nuestra ansiedad no se ajusta a la situación

A veces, es posible que también tengamos situaciones donde nuestra respuesta de ansiedad puede ser incompatible precisamente con lo que tenemos que hacer. Tenemos un exceso de energía o que se destina a lugares donde no es productiva, donde no nos ayuda o peor aún, donde hace incompatible lo relevante que estemos haciendo o nos induce a hacer cosas incompatibles con lo que sea relevante. Quedarnos paralizados y focalizar nuestra atención completamente en el exterior, puede ser útil en ciertas situaciones, como cuando escuchamos un ruido extraño, por ejemplo. Pero muy contraproducente si vamos a hablar en público y lo que menos necesitamos precisamente en ese momento es quedarnos paralizados y con la mente en blanco, sólo atentos a los gestos del público.

En estas situaciones donde el nivel de la ansiedad es my excesivo, donde nos bloquea, o nos induce a hacer cosas incompatibles con lo que sea relevante, es cuando también debemos plantearnos cómo afrontar la ansiedad, utilizando esas estrategias para reducir o aliviarla: podemos respirar hondo, centrar nuestra atención en la tarea entre manos, sacudir el cuerpo y destensar los músculos… Lo que a cada uno mejor le funcione. No con el objetivo de eliminar la ansiedad, sino con el objetivo de calibrarla y adecuarla a la situación que tengamos entre manos.

Cuando no funcionarían y serían contraproducentes.

No obstante, hay otras situaciones donde puede ser contraproducente intentar relajarnos. Si lo que hacemos para relajarnos es incompatible con lo que debemos hacer, corremos el riesgo de perder el foco de la vida en pos de modificar la respuesta de nuestro cuerpo, y eso no hace más que aumentar los problemas. Corremos incluso el riesgo de enredarnos en la ansiedad y desatender los asuntos prácticos e importantes. Podría ocurrir que con tal de relajarnos y evitar sentir ansiedad, evitáramos situaciones fundamentales en nuestro proyecto vital, como no ir a una entrevista de trabajo,  no hacer un examen, o evitar situaciones sociales relevantes para nosotros. Ante situaciones de este tipo es mejor utilizar el incremento de la energía que nos produce la ansiedad para focalizarnos en la tarea que tengamos entre manos, aunque sea con la respiración agitada, con el corazón bombeando, los músculos en tensión o nuestro foco atencional trasformado. Quizás todas esas cosas sean necesarias precisamente para tener un mejor rendimiento.

Hasta aquí, estaríamos hablando de la ansiedad normal, la adaptativa, aquella necesaria para que la vida tenga su máxima viveza, la que debemos permitir que recorra nuestro cuerpo para impulsarnos hacia adelante.

No obstante, en ocasiones hay otro tipo de ansiedad que nos invade. Una ansiedad que nos cuesta relacionar con situaciones específicas. Parece que estemos siempre como en estado de alerta. Como si viviéramos en una situación siempre amenazante o peligrosa a pesar de que desde una mirada rápida todo marchara como debiera. Éste tipo de ansiedad podríamos llamarla ansiedad existencial y hablaré de cómo afrontar la ansiedad existencial en el próximo post.