Aceptación vs deseo ¿El secreto de la Salud Mental?

La  aceptación está de moda en el ámbito de los tratamientos psicológicos. Sin embargo, hay muchas formas de entender la aceptación. Una de ellas es aceptar las emociones y pensamientos negativos como parte inevitable de una vida plena, es aceptar la vida en todos sus aspectos, los negativos y los positivos, es aceptar el cansancio que implica el ejercicio físico, las preocupaciones de los padres que conlleva el amor a los hijos, la ansiedad que aparece al enfrentarnos a situaciones y retos nuevos.

Pero hay otra aceptación que implica tomar distancia de aquello que nos ocurre, intentar alejarnos del impacto  emocional ante las circunstancias vitales que nos importan. Está en parte influida por la filosofía oriental, el budismo y el desapego a los deseos y lo material. Parte de que el deseo implica malestar y que la renuncia al deseo conlleva un mayor equilibrio emocional.

“El sufrimiento se origina en el ansia que causan los deseos, los sentidos o el placer sensual, cualquier situación o condición placentera, buscando la satisfacción ahora aquí y después allí, el ansia de llegar a ser, el ansia de nacer de nuevo y el ansia de ser aniquilado. (…) El sufrimiento se extingue con el abandono del ansia de placeres sensuales, de llegar a ser y de aniquilación, con la ausencia de pasión, el no albergar más. Según el budismo, a través del aprendizaje de la observación de los procesos considerados como ignorantes y alimentados por Los Tres Fuegos, se empieza a crear la base para lograr su cese. La forma de que la insatisfactoriedad de la vida cese es la de enfrentarnos de manera directa a duhkha y tŗşņā, su causa. Al enfrentarnos a la realidad, la entendemos como realmente es, sabemos las causas del sufrimiento y como hacer para que no surjan.” Wikipedia:Budismo

Poca gente podría negar la eficacia de esta filosofía. Renunciar al deseo te ahorra todas las frustraciones que implica la no satisfacción de los deseos. Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a renunciar al deseo por el escaso premio que es una vida sin malestar ni sufrimiento. De hecho, muchas intervenciones psicoterapéuticas van dirigidas a que la persona tome conciencia, conecte, con sus deseos y emociones, pues en ocasiones algunas personas, de forma natural, han encontrado en este tipo de aceptación la fórmula de lidiar con el malestar psicológico. Y aunque al principio les funciona y sienten que empiezan a vivir una vida más equilibrada, con el tiempo notan que la vida está perdiendo su color y están viviendo una vida gris.  (Lo cual está bien, si quieres vivir una vida gris, aquí ya entramos en el terreno de los valores personales de la persona). Pero que no es el caso de las personas que, dada esa situación, buscan ayuda precisamente porque no les gusta el tono grisáceo de sus vidas.

Nos planteamos entonces el objetivo de descubrir y reconectar con los deseos de la persona. En ocasiones es muy difícil acceder a ellos, pues se han reprimido de forma intensa, se han negado, o incluso se ha reaccionado de forma negativa hacia ellos. Algo similar a lo que le ocurre a la protagonista de la fábula de Esopo “la zorra y las uvas”, donde la imposibilidad de satisfacción del deseo lleva a la negación del deseo mismo.

Descubrir y conectar con tus deseos lleva a una vida de mayor sufrimiento y frustración. Pero también lleva a una vida de mayor intensidad y colorido. Como una película o novela donde los protagonistas no tienen obstáculos ni retos, frente a una dónde hay retos, dificultades, frustraciones, etc.

Ser consciente de nuestros deseos nos da una vida de mayor libertad, pues no somos dominados por el deseo de una forma inconsciente ni gastamos energía en su represión, si no que usamos el deseo, ya sea como motivación, como sentido de nuestras acciones, de nuestros esfuerzos. Ésta sería la cara positiva de la  aceptación, donde la aceptación de nuestros deseos conlleva la aceptación de nosotros mismos. Otro asunto sería lograr la forma más equilibrada de satisfacción de los deseos, buscando el equilibrio con las propias limitaciones que nos encontramos con la realidad, pues el ser consciente de los deseos no nos lleva a la posibilidad de su inmediata y total satisfacción, pero sí que es un primer paso para lograr una mejor relación con nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Es un primer paso para llegar a ser quién realmente somos, para liberarnos de las máscaras autoimpuestas y empezar a vivir una vida más auténtica.