El Elefante Encadenado y la depresión

El Elefante Encadenado es un cuento de Jorge Bucay que aparece en varios de sus libros. En él nos relata el asombro de un niño al ver a los elefantes del circo encadenados a una débil estaca de madera clavada al suelo. El niño siempre se preguntó cómo un elefante tan grande y fuerte no escapaba, cuando con sólo dar una pequeña patada habría sacado la estaca de madera del suelo.

El niño después comprende que el elefante había estado encadenado a la estaca desde que era pequeño y débil, y probablemente había intentado liberarse en muchas ocasiones y durante mucho tiempo. Pero entonces aún no tenía la fuerza suficiente para hacerlo. Probablemente se habría rendido y vuelto a intentar varias veces, todas sin éxito. El protagonista entiende entonces mejor al animal, su experiencia subjetiva, su impotencia. Entiende ahora que el elefante ya no intente más liberarse de la estaca.

Es evidente desde fuera que el elefante podría escapar, pero desde su perspectiva subjetiva, desde su propia experiencia, es imposible. “Lo intenté de mil maneras”;  “Me hice mucho daño en la pata de tan fuerte que tiré, la cadena se me clavaba a la piel hasta sangrar y la estaca ni se movía”. Te respondería si le preguntases.

La respuesta emocional que tenemos en situaciones como ésta es una respuesta sana y adaptativa. Cuando hacemos en muchas ocasiones algo que no da ningún resultado, que incluso tiene consecuencias negativas, respondemos reduciendo la intensidad con la que lo intentamos, o la frecuencia con la que lo volvemos a hacer. Todo nuestro cuerpo reacciona adaptándose a esa situación (a nivel de emociones, de pensamientos, conducta) hasta llegar al punto de renunciar completamente a un nuevo intento, a resignarse completamente.

Más duro aún es cuando ni conocemos cual es la cadena que nos ata, ni a qué estaca de madera está sujeta, ni siquiera qué hemos estado haciendo para liberarnos de ello. Sentimos la respuesta emocional pero no sabemos sus causas. Nos sentimos atrapados, apáticos, tristes, sin ganas de hacer nada, ya no disfrutamos como antes de las mismas cosas, tenemos problemas para dormir o dormimos demasiado. Hemos perdido el apetito o comemos compulsivamente, como una de las últimas formas que tenemos de luchar contra la apatía.

Como el elefante adulto y grande atado a un estaca, puede que desde fuera sea difícil entender nuestras emociones, pensamientos y comportamientos, puede que incluso a nosotros mismos nos cueste entenderlo, ya que es habitual que las cadenas, las estacas, y los intentos que hacemos para liberarnos de ellas sean invisibles e inconscientes.

Estas situaciones pueden estar relacionadas con la depresión clínica y a nivel técnico se denomina “Indefensión Aprendida” a la respuesta que se da ante ellas. Sólo cuando conocemos la historia que hay detrás, entendemos mejor la situación actual.

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