Emociones y Circunstancias Vitales
Las emociones son respuestas globales de nuestro cuerpo ante determinadas circunstancias vitales que tienen un valor adaptativo fundamental. Son como la música y el coloreado de nuestras vida, que nos preparan ante circunstancias determinadas y nos ayudan a responder de forma muy rápida ante las mismas.
Emociones primarias básicas.
Existen una serie de emociones básicas que son universales en todos las personas, con una fuerte herencia biológica, que no son aprendidas, aunque sí se pueden ver afectadas por nuestra historia y circunstancias vitales. Estas emociones son: La alegría, la tristeza, el miedo, el enfado, la sorpresa y el asco. Hay otras dos emociones fundamentales que podrían tener también componentes heredados, pero que están más influenciadas por el desarrollo psico-social de las personas: la vergüenza y la culpa.
Alegría
La alegría es la emoción que sentimos ante las ganancias y logros de la vida, cuando aparecen acontecimientos positivos o hemos satisfecho un deseo o una necesidad. Es una emoción que nos da energía, nos sube el autoestima y nos hace sentirnos más en control de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, elevando así nuestro sentido de autodominio y autoeficacia. Nuestros pensamientos se vuelven más optimistas y vemos el mundo como un lugar más amable y seguro.
El sentido existencial de éste aumento de energía y positividad tiene que ver con ayudarnos en la capacidad de aprovechar los buenos momentos y las buenas rachas y obtener todo lo posible de ellas.
Puede darnos problemas cuando no la regulamos bien, si nos hace pasarnos de la raya en nuestro entusiasmo y llevarnos a cometer imprudencias. También puede ser problemática si es una emoción secundaria a otra emoción primaria, como intentar expresar alegría ante la tristeza o el enfado, pues conlleva un gasto energético muy grande y nos desconecta de nuestro verdadero ser.
Tristeza
La tristeza es la emoción que aparece en relación a la pérdida. Nos quita la energía y hace que nuestros pensamientos se vuelvan más negativos. Aumenta nuestra preocupación y rumia sobre las circunstancias de nuestra vida. Nos es más difícil disfrutar de las cosas y continuar con las rutinas vitales habituales.
El sentido existencial de estas respuestas tiene que ver con la aceptación de la perdida, no seguir luchando en una batalla perdida, el ahorro de energía y recursos, no seguir haciendo lo mismo cuando los resultados ya no serán los esperados. Es un modo de desconectar antes de construir un nuevo camino. También es un modo de detenernos y ser más prudentes, no continuar en el camino de la pérdida.
Puede darnos problemas cuando es muy intensa y nos impide la reconstrucción de la vida tras la pérdida. A veces, si no la procesamos bien, si seguimos intentando seguir con el mismo ritmo de vida anterior, sin escuchar el mensaje que la emoción y nuestras circunstancias vitales nos está enviando, se puede agravar y cronificar y evolucionar a una depresión de la que es difícil salir sin ayuda.
Miedo
El miedo es la emoción relacionada con el peligro. Diferenciamos el miedo como la emoción ante peligros conocidos o ciertos y ansiedad ante peligros desconocidos e inciertos. El miedo nos prepara para las respuestas habituales ante el peligro: El ataque, la huida o la parálisis. Todas requieren de tensión muscular, y el ataque y la huida de una respiración acelerada y ritmo cardíaco alto para poder llevar oxígeno a los músculos. La parálisis por su parte ayuda a evitar que nos vea un depredador o caernos desde una altura peligrosa, también requiere que el corazón bombee menos sangre para evitar desangrarnos ante una herida.
El problema del miedo y la ansiedad es que es adaptativo en el contexto de los grupos de humanos cazadores-recoleptores, pero en las condiciones de la vida moderna pocas veces sus tendencias de respuesta asociadas son útiles. También nos es difícil apagarla, pues los peligros se relacionan más con ciertas condiciones existenciales que con un peligro o depredador concreto. Requiere más análisis entender nuestra propia ansiedad para poder canalizarla en hacer cambios productivos en la vida. Y en ocasiones será mejor mientras tanto hacer actividad física cardiovascular para dar salida a la energía acumulada de la respuesta de ataque-huida o actividades que induzcan respuestas corporales relajación.
Enfado
El enfado surge cuando se ven frustradas nuestras necesidades y deseos, cuando nos hacen daño o nos tratan de forma injusta. Al igual que la ansiedad y la alegría es una emoción que nos da energía. Nos prepara para defender nuestro territorio, luchar por lo que es nuestro, recuperar lo robado o ponerle más ímpetu en el logro de nuestras metas.
Es una emoción muy útil para reconocer nuestras necesidades y deseos más profundos, ya que a veces nos los negamos por verlos imposibles o por estar mal vistos en la sociedad en la que vivamos, pero las emociones de frustración y enfado nos puede dar información sobre los mismos.
El problema del enfado es que puede predisponer a acciones agresivas, que no son útiles en una sociedad civilizada. Hay que entrenar la capacidad de canalizar el enfado en formas asertivas de comunicación y actuaciones que lleven al desarrollo personal. También puede dar problemas cuando es una emoción secundaria a otra, como el miedo o la tristeza. También es problemática cuando se usa como emoción instrumental: el sentir y expresar enfado porque has aprendido que así las cosas salen como tú deseas sin tener que hacer otros esfuerzos.
Sorpresa
La sorpresa es la única emoción sin valencia positiva o negativa. Surge ante circunstancias nuevas o inesperadas. El cuerpo nos prepara para la acción, pero puede ser cualquier acción. Nuestra atención cambia y se intensifica para poder registrar todo lo nuevo del ambiente.
No suele dar muchos problemas porque es una emoción que se adapta bien en cualquier contexto. Seguramente hay un punto de equilibrio entre los niveles de sorpresa que deseamos y necesitamos en nuestra vida. Demasiadas sorpresas nos pueden agotar emocionalmente. Demasiadas pocas sorpresas nos pueden hacer la vida aburrida.
Asco
El asco está muy relacionado con el rechazo, cuando algo nos puede sentar mal en el interior del cuerpo o en el medio o largo plazo. Sobretodo está relacionado con la comida, los olores, enfermedades, ya que es una emoción cuyo valor adaptativo está relacionado con la protección de ingesta de comida en mal estado, la enfermedad y otras circunstancias peligrosas para nuestro cuerpo, y de ahí que las tendencias de acción más relacionas con esta emoción sea el vómito, las arcadas o alejarse de la fuente de malestar. No obstante, es una emoción que se puede extender a otras circunstancias que sean también potencialmente peligrosas a medio y largo plazo, sobretodo a nivel social, y de ahí que haya ciertos comportamientos, que nos puedan generar rechazo y asco. En general, en función de nuestros criterios ético-morales, y lo que en lo profundo de nuestra visión del mundo entendamos como potencialmente dañino para nuestro bienestar, podemos sentir asco por determinadas conductas de los demás o de nosotros mismos.
Vergüenza
Podemos decir que la vergüenza es un tipo de miedo, pero siendo las personas seres tan sumamente sociales, cobra un valor propio por la importancia que tiene en la adaptación a los estándares sociales.
La vergüenza tiene que ver con el miedo a hacer algo dentro del grupo social que nos haga perder prestigio dentro del grupo y bajar en la escala social.
La vergüenza aparece ante situaciones en las que tememos que no vamos a estar a la altura de los estándares de nuestro grupo de pertenencia y los demás se van a dar cuenta de ello. Tememos revelar nuestra falta de conocimiento, nuestra incompetencia, nuestros defectos más internos, y sufrir por ello la mofa, burla o rechazo de los demás.
La vergüenza nos protege en ese sentido de perder estatus y autoestima, nos obliga a ser un poco más prudentes, a buscar información o desarrollar habilidades antes de mostrarse ante el grupo. No obstante, si usamos siempre la estrategia de evitación de las situaciones que nos generan vergüenza, podemos limitar nuestro crecimiento personal, quedarnos atascados en un punto determinado de nuestro desarrollo vital, y que la emoción de vergüenza sea cada vez mayor, pues cada vez notamos que nos alejamos más del estándar que consideramos corresponde a nuestro rol social. Evitar preguntar lo que uno no sabe para evitar ser descubierto como ignorante, también te impide aumentar tu conocimiento. No actuar en una situación social por miedo a no actuar bien y revelar tu falta de experiencia, te impide desarrollar esa misma experiencia.
Culpa
La culpa es también una emoción que ayuda a ajustarse a los grupos interpersonales en los que vivimos. Es parecida a la vergüenza, pero a diferencia de ella, está más relacionada con la ruptura de las normas del grupo que con no alcanzar ciertos estándares.
La culpa nos hace sentir mal cuando hemos hecho un daño a los demás o realizado actividades que son contrarias a la normal grupal. Su valor adaptativo consiste en aprender a no volver a romper la misma norma, y motivarnos a reparar el daño causado y compensar la falta cometida.
Si hemos tenido un desarrollo ético-moral adecuado, habremos interiorizado los principios y normas de la sociedad, por lo que sentiremos culpa ante nosotros mismos sin necesidad de que los demás sepan de nuestra falta. El miedo a ser descubiertos y a las consecuencias, con la tensión emocional que conlleva, hace que la confesión a menudo reduzca el sentimiento.
Trabajar y Resolver Conflictos Emocionales
Realmente las respuestas emocionales duran pocos minutos y están muy preparadas para dar una respuesta en el aquí y ahora, en el presente. No obstante, a menudo tenemos la vivencia de que duran mucho más y que en ocasiones es difícil conseguir que termine la respuesta emocional. Esto es debido a muchos factores. Uno de ellos es que las emociones activan pensamientos y recuerdos congruentes con el estado emocional, y estos pensamientos a su vez activan de nuevo la emoción, generándose un bucle que se retroalimenta a sí mismo. Si me siento triste, tendré pensamientos más negativos y será más probable que recuerde otros episodios de tristeza de mi pasado, lo que a su vez generará más sentimientos de tristeza. Nuestras conductas también ayudarán a este bucle: si me siento triste y me invitan unos amigos a salir, es posible que me apetezca poco salir y me quede en casa, lo que facilitará seguir pensando de forma negativa y reactivando mi emoción de tristeza.
Por otro lado, es posible que la situación que desencadena la emoción permanezca sin cambios, desencadenando una y otra vez la misma emoción. Aunque a menudo creemos que la emoción es el problema, en realidad, es la situación en la que estamos, y de la que quizás no somos muy conscientes e incapaces de salir de ella sin ayuda, la que es el problema.
Los problemas surgen cuando se tiene la sensación de que una respuesta emocional se ha anclado en nuestra vida. Esto puede ser debido a que estemos en una situación vital problemática, o que no hayamos sido capaz de procesar correctamente nuestra emociones. El procesamiento emocional implica poder simbolizar con palabras nuestra experiencia, lograr comprender nuestras respuestas y el significado que tienen para nosotros, y de esa manera poder integrarla en nuestros esquemas previos. De esa forma se va produciendo el desarrollo y la madurez personal. Se trata de crear nuevos significados a la experiencia, encontrar sentido a los sentimientos de una manera novedosa, desarrollar una nueva historia para nuestra vida.
Parte de la función de los sueños, es el procesamiento emocional en nuestros esquemas previos de las acontecimientos vitales durante nuestra vida diurna. De ahí que nuestros sueños tengan carga emocional, y aparezcan elementos de nuestra vida reciente con contenidos de nuestra historia pasada. Cuando ante una evento traumático tenemos pesadillas repetitivas, suele mostrar un intento infructuoso de nuestra mente de integrar una experiencia emocional, pero no ser capaz de hacerlo, debido a la naturaleza tan dolorosa del trauma.
Cuando estamos teniendo dificultades para integrar la experiencia emocional, una buena manera de hacerlo es hablar con un amigo o familiar, una persona cercana, y contarle lo que nos ha ocurrido, lo que pensamos del hecho o cómo nos sentimos. Al construir esta narrativa, sentir su apoyo y comprensión, escuchar su opinión o su visión desde fuera, nos ayudará a poder integrar nuestra experiencia emocional en nuestros esquemas previos.
Si los motivos de nuestra experiencia emocional son muy íntimos o personales, y no deseamos compartirlos con nadie, otra forma de trabajar sobre los conflictos emocionales y sentimientos no procesados es la escritura. Se ha demostrado que escribir acerca de la experiencia emocional de los eventos traumáticos o perturbadores, tiene efectos significativos en la salud y el bienestar. De ahí los beneficios en las personas de escribir diarios personales, pues les ayuda a dar sentido y coherencia a sus experiencias. Les ayuda a desarrollar una narrativa que hace que su experiencia sea más coherente.
Además, si quieres recibir un acompañamiento que te ayude y facilite el procesamiento de tus emociones, la psicoterapia es la herramienta ideal. En el espacio psicoterapéutico un terapeuta te ayuda contar tu historia, mientras realiza una escucha sensible y empática. Te ayuda a descubrir y comprender significados ocultos o inconscientes de tu experiencia emocional, al tiempo que las emociones se van procesando e integrando en tu visión del mundo y tus experiencias previas. Por ello mucha gente habla de su experiencia terapéutica como una etapa de crecimiento personal, desarrollo del autoestima y madurez emocional. En realidad, no fue la terapia la que produjo esos cambios, sino el procesamiento de sus experiencias emocionales que las personas realizaron, utilizando el espacio terapéutico para facilitar el proceso.